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Este texto responde
a dos propósitos: mientras, por un lado, atiende al
objetivo de reseñar, siquiera sea someramente, el tratamiento
que la político exterior merece en el tratado constitucional
relativo a la UE, por el otro se interesa por examinar el perfil
preciso que presenta hoy tal política exterior, en la
certeza de que de ese examen se deriva la identificación
de los cambios, por fuerza radicales, que es menester introducir
en las prácticas corrrespondientes.
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